La Inmatriculación de Fincas en el Registro de la Propiedad, una aproximación

Los inmuebles que no tienen título de propiedad registrado, habitualmente recibidos en herencia, no se hayan inscritos en el Registro de la Propiedad (para su comprobación se puede pedir nota simple), por lo que sus propietarios pueden carecer de protección frente a terceros y tener dificultades para la transmisión del bien o la acreditación de la propiedad, ya que el que inscribe un derecho tiene la posesión del inmueble sobre el que recae.

La inmatriculación de fincas (palabra usada principalmente en derecho aunque poco habitual en el lenguaje coloquial) consiste en la anotación por parte del Registro de la Propiedad (entidad dependiente del Ministerio de Justicia) de los datos que afectan a la propiedad de una finca (inmueble), tales como contratos o resoluciones. En caso de querer acceder a estos datos se debe pedir nota simple, que es un extracto informativo donde se hacen constar los datos del titular y de la propiedad de cualquier inmueble situado en España y registrado.

La inmatriculación de fincas en el citado Registro, cuando no se tiene una escritura de la misma, suele ser un proceso largo y complicado, por lo que es muy aconsejable acudir a un notario para recibir el oportuno asesoramiento.

La inmatriculación está regulada por el Decreto de 8 de febrero de 1946, por el que se aprueba la nueva redacción oficial de la Ley Hipotecaria (BOE núm. 58, de 27/02/1946), y sucesivas modificaciones, pudiéndose realizar de tres maneras:

  • a) Inmatriculación mediante expediente de dominio.

    Por este procedimiento, el interesado debe aportar la documentación y los testigos (normalmente vecinos) que considere oportunos para probar que efectivamente es el propietario, y esperar la decisión favorable del juez encargado del caso. Una vez que se produce esta, se puede acudir al Registro de la Propiedad para la anotación.

  • b) Inmatriculación mediante el título público de su adquisición.

    La presentación de este documento es la forma más rápida, pues en él constan habitualmente los datos de la finca y de su transmisión. Si no se acredita de modo fehaciente el título adquisitivo del transmitente, será necesaria un acta de notoriedad, expediente supervisado por un notario para dar fe pública de que el transmitente es considerado dueño de la propiedad.

  • c) Inmatriculación mediante certificado administrativo.

    Este caso es poco usual y solo es aplicable a “el Estado, la Provincia, el Municipio y las Corporaciones de Derecho público o servicios organizados que forman parte de la estructura política de aquél y las de la Iglesia Católica, cuando carezcan del título escrito de dominio” (Artículo 206 del citado Decreto).

La inmatriculación de fincas en el citado Registro, cuando no se tiene una escritura de la misma, suele ser un proceso largo y complicado, por lo que es muy aconsejable acudir a un notario para recibir el oportuno asesoramiento.

Recuerde que puede consultarnos las dudas que tenga referentes a estas o cualquier otra cuestión referente a los Registros de la Propiedad o la interpretación de una nota simple.

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